He matado un personaje

Pido un boli a un vecino. Escribo.

La señora de la limpieza ha borrado los primero capítulos de mi historia, nota: no volver a escribir en la mesa. Pero me da igual, están dónde quiero que estén, en mi cabeza.

Sigo escribiendo. No soy consciente de lo que me dicen mis compañeros y tampoco ¿por qué iba a estarlo? de las frecuentes miradas de mi profesora.

Escribo. Me inundan las ganas de acabarla, saber que pasa con la protagonista, cuál será el final de su historia. No sé si soy consciente de que eso depende tan solo de mí, yo puedo hacer lo que quiera con ella. Anteriormente mis protagonistas eran adolescentes, directores de una fábrica de prótesis para deportistas o incluso animales.

Dejo el boli. La he matado. He matado un personaje. ¿Me siento bien? ha sido liberador al fin y al cabo… Durante el transcurso de la historia no puedo decir que le haya cogido cariño, no me importa que haya muerto. Si en los últimos instantes, decidí que así fuera, tal vez se deba a mi estado de ánimo o, simplemente, al hecho de que volví a la tierra el breve instante en que mi profesora contaba el número de muertos de la 1ª  Guerra Mundial

He matado un personaje. He cometido un asesinato, la víctima del cuál, tan solo puedo ser yo.

Hago una bola, la lanzo a la papelera. Mi amiga me mira y me dice:

-¡Por qué la tiras? Guárdala. Además, la quería leer.

A lo que le respondo:

-Tranquila, ha sido el primero, pero no el último personaje al que mato.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s